Paso 2: La ropa al armario

Después de todo el estress producido y compilado por el Eclipse, me eché tres horas de siesta que me dejaron seminueva. Claro que una pelea con el casero de mi casa antigua, lo deslució un poco. Así que nada, para hacer algo productivo en el día, organicé el zafarrancho de combate y me lancé sin pensarlo en ese mar de maletas tiradas en el suelo abiertas y rebosantes de ropa revuelta, bolsas con cachibaches, con cajitas (sí, me gustan las cajas, al igual que los faroles ^_^), con papeles, zapatos, sábanas, cosas de Galicia aún sin desenvolver… y un rebujito de todo esto esparcido por el suelo.

Tiré toda la ropa que puse en lo alto de la cama (recordemos que, ¡por fin!, estaba hecha), saqué las tres maletas vacías al pasillo, y me puse a guardar la ropa. En realidad, no se cómo, pero siendo mi cuarto no muy grande cabe todo bastante bien, el armario tiene más capacidad de la que parece a primera vista, y debajo de la cama hay dos cajones enormes (de hecho sólo he llenado uno).

Por supuesto, no lo he recogido entero, pero por lo menos se puede entrar sin tener que ir saltando de  una islita de suelo despejada a otra :P

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