Dije que iba a escribir, y la inspiracion me iba y me venia, se me borro el post y fui incapaz de reescribirlo. Asi que lo mejor afronto el tema simple y llanamente.
Félix.
Tres meses han pasado. “Había estado aquí antes, pero nunca pensé en venir por un amigo” le dije a María, demostrando así mi torpeza al tratar estos temas. Pero cada uno afronta las cosas según su forma y manera. Hasta ese momento siempre había ido al tanatorio por gente mayor. Duele, y los echas de menos, pero no sé, es ley de vida. Pensaba que afrontaba las cosas de forma un poco demasiado fría. Tanto esto, como las gente que vas dejando atrás según pasan los años, las añoranzas en general. Y sin embargo, me he sorprendido echándote de menos como a nadie en mi vida.
Hace tres meses lo llevé bastante bien. Me pillaba en mitad de ese torbellino de cambios del que llevábamos un mes hablado, soñando y planeando con tanta gente. Pero pasado todo eso, te sigo sintiendo muy dentro. Y volver me lo ha confirmado. Me han tocado días de sol, de luz, de amigos. Ahora que sé que me voy, Sevilla, a la que tanto criticábamos, se ve distinta. Pero ya nunca volverá a ser la misma. Te sigue enamorando, pero ya no es la cuidad de este verano, la que tu me enseñaste estos dos meses. Sevilla es extraña sin ti.
¿Cómo puede ser? Apenas te había recuperado, apenas se sumaban dos meses a ese tiempo agotado, cuando dejaste de sonreírme. Y sin embargo ahora tengo en mis manos algo de aquellos días. “Bow before me”. En aquel entonces aún no sabía lo grande que eras, pero desde luego que lo mínimo era quitarse el sombrero.
Y ¿quien soy yo para escribir estas cosas? Siempre decías que mi blog sólo estaba lleno de tonterías, y es cierto, no soy nadie. ¿Y tan tarde? No lo sé, simplemente sigues increíblemente presente en mí. Sólo se que un buen día, de pronto, volviste a aparecer y quisiste que volviera a ser de colores. Lo tomaste como una responsabilidad propia, con esa forma tan tuya, la palabra exacta, el momento justo, sin desalentarte ante la falta de respuesta, ni insistir demasiado.
En esos dos meses me ofreciste una amistad tan llana como poca gente es capaz de compartir. Me he sorprendido más de una vez, a lo largo de estos tres meses, en el tren camino de Reading deseando contarte alguna de mis chorradas, imaginándome la conversación en gtalk e intentando preveer, como hacía antes, lo que ibas a responderme.
En esos dos meses me enseñaste a sentirme otra vez bien conmigo misma. Tanta obsesión por intentar mejorar y buscar y confiar en opiniones ajenas, y tuviste que llegar tú para ayudarme a entender que estaba bien como estaba. Que muchas cosas de mi misma dejadas al borde del camino en mi afán por mejorar eran buenas, que debía recuperarlas, y deshacerme también de otras aprendidas.
Realmente fue uno de esos extraños cruces de muchos caminos el que volvieras a aparecer en mi vida. Y aunque en aquél momento, más que camino se me hacía (¡que tonta era!) un zarzal intransitable, mereció la pena por llegar hasta ese cruce en el que tú esperabas con la mano tendida.
Me cambiaste en tantas cosas y de tal manera, me ayudaste a entender la vida como realmente quiero que sea, que es imposible no tenerte presente, no sentirte conmigo. Formas parte de mí y todos los que te conocimos, de esa parte de nosotros que creció a tu calor, en todo aquello que fuimos gracias a ti y en lo que nos ayudaste a ser las personas que somos.
Es imposible olvidarte.