Canciones de mi infancia
Ayer mi madre cumplía 50 añitos, así que hemos pasado el fin de semana en Portugal, familia al completo, algunos tíos inclusive. Y como suele pasar en este tipo de reuniones, se acaba hablando de temas varios de hace mucho tiempo. En este caso, de las canciones que mi madre nos cantaba para que nos durmiéramos. Hay tres que creo cabe destacar.
Los que me conocen alguna vez, saben que tengo tendencia a expresarme con ruiditos varios: sniff para quejarme, bruf si estoy saturada, guru-guru si estoy rallada, weee como expresión de alegría y variantes varios. Después de recordar una de las canciones estrella de mi madre, todo encaja:
“La chata merenguela - ui ui ui,
como es tan fina - tico tico tí,
como es tan fina - nairó nairó
nairó nairó nairó. Nairó
Se pinta los colores - ui ui ui,
con gasolina - tico tico tí,
con gasolina - nairó nairó
nairó nairó nairó. Nairó“
(Ya pasados los veinte, mi amigo Manolo, única persona que yo conozca a quien también le han cantado esto, me informó de que la niña ésta más bien se pintaba con purpurina, cosa que no me sorprende. Mi madre sigue al pie de la letra eso de “A falta de saber, imaginación”).
También casi con 20 años, realicé un descubrimiento sobre otra de mis canciones de cuna. Mi madre nos cantaba siempre:
“Apaga (la) luz, Mariluz, apaga (la) luz,
que yo no puedo dormir con tanta luz…“
Y ahí se quedaba la cosa. Repetía ese cachito varias veces y luego tarareaba un poco. Un día encontré a los colegas de la escuela dedicádose a buscar sus nombres en Google, y se estaban riendo intentando ponerle música a una cancioncilla que habían encontrado. Se quedaron a cuadros cuando yo empecé a cantar (que aunque no sabía la letra entera, el tono era fácil):
“Apaga (la) luz, Mariluz, apaga (la) luz,
que yo no puedo dormir con tanta luz…
Los borrachos en el cementerio
juegan al Mus.
Pobrecitos los borrachos
que están en el camposanto.
Que Dios los tenga en la gloria
por haber bebido tanto.“
Y pasaron a quedarse a cuadros escoceses cuando les expliqué que mi madre de la cantaba como canción de cuna (así tengo la fama que tengo).
Después de eso, me preguntaron qué tipo de canciones me cantaba mi madre. Había otra típica, que parecía de lo más mona (típica montañesa, que mi madre es de Santander), pero según se la iba recitando a esta gente le empezaba a ver un nuevo punto de vista:
“Ayer te vi que subías,
por la alameda primera,
con la falda remangada
y el pañuelito de seda (ejem!)
Dime ¿dónde vas morena?
Dime ¿dónde vas al alba?
Dime ¿dónde vas morena?
Y a las dos de la mañana“
¿De verdad hace falta que la chica responda? ¬¬
Y no se arregla mucho, porque la muchacha dice que va a la Fuente de (¿pillar?) Cacho, a beber un vaso de agua (¿mientras espera?). Ésa es la primera parte. En la segunda dice que se va al jardín de Valencia (en mitad de la noche), a por una “rosa” blanca, que es que en su jardín no hay de ésas.
Y en mitad de todo esto, hace ya tiempo que rescatamos después de los años un cinta de canciones de cuando vivíamos en Montevideo. Me hicieron mucha gracia, por el acento y el ritmo, pero la primera hablaba de un osito en la estepa rusa que tocaba la balalaica…
Con semejante legado, ¿qué le cantaré yo a mis (pobres) niños cuando/si llego a ser mamá?


